Artículos año 2019
UNA PSICÓLOGA GESTIONANDO LA TRADICIÓN



Acompañado por la inestimable presencia de mi primo Ricardo, posiblemente el mayor coleccionista en materia ciclista de España y experto artesano en el conocimiento y restauración de bicicletas antiguas, me dirigí en Madrid a uno de los templos vivos del ciclismo tradicional en el panorama hispánico y madrileño, nada menos que la sede de Ciclos Otero, en la calle Segovia de la capital de España. Allí nos recibió, con familiar amabilidad, Marisol Otero, actual propietaria y gerente de la empresa. Una psicóloga de formación que ha cambiado su actividad para entregarse a una pasión familiar, que ella ha ido haciendo propia gracias al convencimiento de la riqueza que aporta la bicicleta a las personas y, también, porque hay negocios que parecen tener en su código genético los mismos rasgos del deporte al que están vinculados, en este caso el ciclismo.

Marisol es hija de Enrique Otero Vidaurreta, un apasionado del dibujo técnico, que a base de escuadra y cartabón se convirtió en 1927 en uno de los pioneros de nuestro país en el diseño, fabricación y venta de bicicletas. Otero tenía pasión por todo lo que tuviera ruedas y consideraba la bicicleta como uno de los mayores inventos de la humanidad por ser un vehículo eficaz, eficiente, saludable y silencioso. Hoy la evolución de los tiempos confirman estos valores. También fue un pionero en el diseño de su propio logotipo, convirtiendo su propio apellido en símbolo de sus bicicletas e incorporó una pluma como expresión de que la bicicleta es cultura.

Pero no se limitó únicamente a fabricar y vender, sino que fue un continuo innovador de aquellos avances que mejorasen las prestaciones de este singular vehículo, además de crear variantes que permitiesen otros usos y posibilidades. Las innovaciones más importantes que Otero aportó fueron la potencia regulable en extensión, las figuras troqueladas en los tubos, para lograr ligereza y vistosidad, así como el volúmetro, un artefacto para personalizar las medidas del ciclista que viene a ser el precedente de los actuales equipos biomecánicos y que aún se conserva como una de las piezas más curiosas que se pueden contemplar en lo que es su sede como museo.



La proyección de Otero como promotor no habría tenido la misma repercusión si no hubiera estado vinculada al deporte del ciclismo que, lógicamente, le proporcionó un escaparate que traspasó paredes y fronteras aún en tiempos lejanos a la actual vigencia de los medios de comunicación. El primero de los campeones ciclistas en utilizar una Otero fue Federico M. Bahamontes en su debut como profesional. Luego se utilizaron repetidamente en los Seis Días Ciclistas disputados en el Velódromo de Madrid. Marco Giovanetti ganó la Vuelta a España en 1990 a lomos de sus Otero y José Manuel Moreno hizo lo propio cuando consiguió el primer oro olímpico en Barcelona 92.

En esa etapa marcada por la difusión de la marca entre los profesionales, fueron varios los equipos que utilizaron sus bicicletas y gozaron de su patrocinio. Entre los más representativos están la ONCE, Seur o Fuenlabrada y la Selección Española de Ciclismo. Con la primera de estas organizaciones tuvieron una relación muy especial al fabricar el primer tándem para invidentes, lo que proporcionó un filón de posibilidades para los afectados y una revolución en el ámbito de la discapacidad, que cada vez gozaba de mayores cotas de integración social. Posiblemente ese rasgo de colocar a la bicicleta como instrumento para facilitar la vida a otras personas, haya sido una de las constantes en la trayectoria empresarial de los Otero, que en la actualidad han lanzado el triciclo terapéutico para facilitar la vida de niños en hospitalización y otro proyecto, aún en fase de pruebas, consistente en un tándem paralelo destinado a personas con discapacidad motórica, que pueden ir acompañados de otros y, entre ambos, compartir las distintas opciones de dirección y pedaleo del artefacto.

Enrique Otero tuvo tres descendientes directos:Candelas, Enrique y Marisol. Enrique formó parte del negocio junto a su padre y se encargó especialmente de la comercialización, dando un impulso notable al negocio, hasta su fallecimiento en 2017. Además, importaron las primeras bicicletas MTB americanas y fueron distribuidores de la marca Spezialized, para España y Portugal. En 1990 murió el padre y en 1992 el local sufrió las consecuencias de un atentado de ETA dirigido a Capitanía General del Ejército, que se encuentra en la zona. Como resultado, las instalaciones estuvieron cerradas durante tres años y se perdieron gran parte de la documentación y los archivos fotográficos.





Las bicicletas Otero se fabricaban en España, en Madrid, primero en el Taller de la Calle de Segovía, y después en la Fábrica de S.José de Valderas en la que trabajaron hasta 200 personas. Más adelante, cedieron gran parte de sus herramientas al Museo Nacional de Ciencia y Tecnología y se dedicaron al fomento del uso de la bicicleta con iniciativas como la biciescuela y la Clásica Otero que discurre por un circuito urbano de Madrid, y sirve de homenaje para figuras legendarias del ciclismo. Es decir, Otero viene siendo un referente en su propia reinvención para aportar nuevas y mejores prestaciones en torno a un vehículo que no solo no pierde vigencia, sino que está cobrando nuevos bríos en un mundo necesitado de energías limpias, de ejercicio saludable y de adquisición asequible para cualquier economía doméstica.



Marisol, como ya hemos comentado, es una psicóloga de formación que ha renunciado a esa especialidad para volcarse en la empresa familiar. Y como en el ciclismo, ella ha ido asumiendo que hay que estar preparados para aguantar, sufrir y esperar el momento adecuado para poner en evidencia toda la pasión, competencia y bien hacer que siempre han destilado en Ciclos Otero.



Justo López Carreño

MAYO de 2019

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