Artículos año 2019 QUERO


La visita tranquila y guiada por lugares cercanos y conocidos, no deja de sorprendernos, especialmente por la cantidad de detalles que, de otro modo, nos pasan desapercibidos.

Esta es mi principal conclusión sobre la salida en un grupo de amigos y conocidos a Quero, tras invitación previa de Juan Garrido que fue el organizador de la misma, posiblemente consciente y conocedor de gran parte del contenido que nos esperaba aunque ignoro si hubo algún otro motivo para llevarla a cabo.

Nada más organizar la caravana de vehículos participantes, en el nuestro con la compañía de mis dos nietas, Martina y Leticia, nos dirigimos hacia la vecina localidad toledana y continuamos la travesía de la población en dirección a Villafranca de los Caballeros, dejando a la izquierda la laguna de sal y continuando varios kilómetros hasta un camino donde nos esperaba en guía, Vicente Torres y dos amigos más, para mostrarnos la primera de las sorpresas en mi caso, restos arqueológicos de indudable valor y atractivo.

Se trata del llamado paraje de la Casa del Oro, donde se encuentran unas excavaciones recientes en las que hay restos romanos, petroglifos con simbologías cristianas y podomorfos, así como piedras con canaletas para almacenar agua. Se comenta que era una zona cultivable y, entre otras cosas, eran célebres sus ajos. De ahí la expresión: “Tres ajos de Quero, llenan un mortero”. También se han encontrado unos 14 yacimientos romanos que están en fase de cata y exploración. Hay numerosas tégulas o tejas romanas.

Al regreso hasta la población, nos dirigimos hacia su estación, cuyos edificios están casi todos en estado ruinoso y solo se conserva cerrado el principal que aún conserva algunos detalles de lo que fue. Perteneció a la línea MZA como Alcázar y la mandó realizar el Marqués de Santa Cruz para potenciar sus intereses vinícolas. A ella llegaron ilustres políticos como Isabel II o Nicolás Salmerón. Como nota pintoresca y graciosa, en Quero dicen que el ferrocarril llegó por vez primera 15 minutos antes que a Alcázar de San Juan, en alusión a la distancia que separa ambas poblaciones y considerando que el primer tren procedía de Madrid.

Otra anécdota curiosa es la que refiere que el sindicalista Marcelino Camacho se fugó en la estación de Quero, cuando era conducido a prisión por su actividad durante el franquismo. Por otro lado, nuestro amigo Juan Barrilero vivió, siendo un bebé, en dicha estación, puesto que su padre era el Jefe de Estación entonces y gozaba del uso de la vivienda en la parte alta del edificio ferroviario.

Finalizada la visita a la estación, nos dirigimos al centro de la población, en donde en la calle de la Luna se encuentra la Bodega de Julián Ruíz Villanueva. Se trata de una bodega peculiar por el celo de su dueño en hacer un vino lo más natural posible, utilizando técnicas artesanas en buena medida y cultivando cepas de pie franco, es decir, previas al ataque de la filoxera, en gran parte de su uva, por su mejor adaptación al terreno sin necesidad de injertos ni variedades exóticas. Posee, sin duda una curiosa mezcla de modernidad y tradición que argumenta con un pensamiento poco común entre sus colegas. Amablemente nos ofreció catar algunos de estos vinos y valorar de modo directo algunas de sus afirmaciones sobre los mismos.

La siguiente parada tuvo lugar en el Bar Casa Juan, también en la travesía de la población y situado en la misma carretera hacia Villafranca. Es un bar sencillo, propio de pueblo, en el que paramos muchos ciclistas a nuestro paso. Tiene muy buena cocina y además te pueden poner tanto el queso manchego de la zona, como el vino de la misma. Preparan un excelente arroz, si se solicita con antelación.

Satisfecha la necesaria restauración de fuerzas y sin apenas tiempo de sobremesa, nos dirigimos hacia el Ayuntamiento, dando un paseo grupal, con pequeñas paradas ocasionales en algunos rincones que lo merecían. Así por ejemplo se conserva el edificio, incluida la taquilla, del último cine en funcionar en la localidad y que se estrenó en los años cincuenta del pasado siglo con la película Raza.

El Ayuntamiento en sí destaca más por algunas piezas de su interior que por el propio edificio, que no posee un atractivo especial. En él se encuentra un bajo relieve visigodo, posiblemente del siglo VII, que debió formar parte de una desaparecida iglesia Godo-Quereña, que se mantuvo oculta durante la dominación árabe y fue rescatada el pasado siglo XX. Solo hay tres parecidas en toda España.

También hay una referencia simbólica y con pequeños objetos a los otros municipios hermanados por su nombre con la población y que se encuentran en Ecuador, Perú, Italia y Grecia. En la pared de la escalera interior, se rinde homenaje a varios deportistas locales que han destacado en sus especialidades: Jorge Maqueda en Balonmano, Javier M. Matilla e Iván López en Fútbol, Iván Cantos y el fallecido David Quirós en Triatlón así como otros colectivos de menor trascendencia mediática.

Continuando con nuestro intenso paseo por otros lugares, llegamos hasta la Casa Museo de la Palabra inaugurado en 2009, en la casa-palacio de la Fundación César Egido Serrano, cuyos fines son propiciar la convivencia entre culturas y religiones diferentes. El edificio por sí mismo ya merece la pena su contemplación pues se trata de un caserón con aire manchego pero de una grandiosidad y riqueza ornamental que llama la atención a cualquiera que transite en sus cercanías.

Muy cerca está la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, realizada en piedra arenisca. Levantó polémica por unos enterramientos que obligaron a modificar las leyes sobre los mismos y más adelante, hacia la parte alta del pueblo se encuentra la Ermita de Nuestra Señora de las Nieves que fue cárcel durante la Guerra Civil española. La pintora afincada en la localidad y ya fallecida, Arsenia Tenorio, restauró alguna de sus imágenes.

Y a escasa distancia de la anterior ermita se encuentran el Silo y Molino destinados a ser visitado por los turistas y curiosos. Se trata de dos construcciones muy típicas de la zona. El silo está restaurado para que los visitantes puedan recorrerlo en sus diversas habitaciones y además forma parte de un conjunto de edificaciones características de la parte alta de la población que conforman el albaicín o sacromonte del mismo. Fueron muy necesarias en tiempos de escasez y albergaron a muchas familias de trabajadores eventuales que no podían disponer de vivienda. Lo más característico es que mantienen una temperatura constante entre los 18 y 21 grados centígrados, que facilitan los sistemas de climatización natural de las mismas sin necesidad de aparatos energéticos.

Una de las visitas obligadas era acercarnos a la Laguna de la Sal, a pocos metros de la carretera y también llamada Grande, es la confluencia de dos ríos en la Hoya de Quero, con base arcillosa que permite el almacenamiento del agua salitrosa, no comestible pero sí valorada para la fabricación de pólvora y otros usos similares desde tiempos de Pedro I El Cruel. En mayo se lleva a cabo la extracción.

Y puestos a mencionar el ambiente hídrico de la zona, no podíamos dejar de visitar uno de los emblemas del pueblo, el Pozo de Agua Duz, así nombrado por la bondad y sabor de sus aguas que le hizo tomar fama en todo el entorno. De manera que un dicho popular rezaba así:

? “¿Qué quieres que te traiga, que voy a Quero?

? Un poco de agua del pozo nuevo.

Nosotros no solo nos hemos traído el agua de Quero, sino un conjunto de recuerdos que difícilmente olvidaremos y que nos sorprendieron a medida que los íbamos descubriendo y conociendo, gracias a las explicaciones que el guía Vicente nos obsequió.



Justo López Carreño

Marzo de 2019

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