Tercera parte

     

Puedo decir que tanto durante la década de los años ochenta como en la de los noventa apenas presencié partidos en directo. Pero fue a partir de ahí cuando el contacto más cercano con mi primo Pedro y también con sus hermanos Jesús y José Luis en Madrid, que eran socios y abonados, cuando retomé el gusto por asistir a algunos partidos al año, generalmente de poca trascendencia porque ellos nos cedían sus asientos.


Con mis primos asistí de forma intermitente a bastantes partidos, pero hay algunos que me resultan especialmente evocadores. Por ejemplo el Real Madrid 7 – 1 Athletic Club de Bilbao jugado el 14 de septiembre de 1980 arbitrado por García Carrión. El Madrid alineó a García Remón; Isidro, Benito, Pérez García, Camacho; García Hernández, Del Bosque, Stielike; Juanito, Cunninghan y Gallego. El entrenador era Vujadin Boskov y Gallego anotó su primer gol como jugador madridista además del triplete de García Hernández en 1ª División.
El Athletic Club ofreció poca resistencia y se fue desmoronando a medida que recibía los goles en una tarde plácida y soleada. Por su parte el equipo vasco jugó con Aguirreoa; Urquiaga, Guisasola, Goikoetxea, De Andrés; Villar, Tirapu, Argote; Dani, Sarabia y Rojo. Equipo entrenado por Senekovich.

Uno de los primeros partidos de esta nueva etapa presencial fue el que se disputó en el Estadio Bernabéu entre el Real Madrid y el Lleida el 24 de octubre de 1993 y que supuso la primera visita del equipo catalán recién ascendido a 1ª División. El Real Madrid ganó por 5 – 0 ante 75.000 espectadores y formó con Buyo; Luis Enrique, Alkorta, Sanchis, Lasa; Milla (Prosinecky), Hierro, Martín Vázquez (Zamorano); Butragueño y Alfonso. Recuerdo que fue una tarde apacible en la que el rival apenas inquietó.


El 2 de Enero de 1994 organizamos una expedición varias familias alcazareñas para ver en directo a los paisanos manchegos del Albacete Balompié. Era la primera vez que llevé a mis hijos a ver un partido del Real Madrid y especialmente a Héctor, al que le hacía mucha ilusión ir vestido con el uniforme blanco que le había regalado anteriormente.


Hicimos el viaje en tren y llegamos con tiempo para recrearnos en el ambiente del Estadio desde la grada de preferencia que nos había correspondido. Quiero recordar que las entradas las conseguimos a través de la Peña Madridista Alcazareña “Racimo de Oro” que presidía Víctor García Chocano. Lo cierto es que nos presentamos catorce personas a las que se unieron la familia de mi compañero Diego Úbeda con otras cinco personas más.

El resultado final fue favorable a los madridistas por 2 – 0, con goles de Butragueño y Santi Denia en propia puerta. El Madrid jugó con Buyo; Luis Enrique, Ramis, Sanchis, Lasa; Milla, Prosinecky, Michel; Alfonso, Zamorano y Butragueño. En el Albacete destacaban jugadores tan importantes como el mencionado Santi Denia, Geli, Zalazar, etc. Curiosamente el entrenador del Real Madrid era Benito Floro, que había sido el gran impulsor del mejor Albacete, que ahora estaba entrenado por Víctor Espárrago.

El viaje en tren a la vuelta será inolvidable por la actividad de nuestro hijo Héctor que se liberó de cualquier timidez y dio todo un recital de gracioso comportamiento ataviado con su traje madridista y una bandera pequeña que yo le había preparado para la ocasión.


La década 2001 – 2010 arrancó con una premonición importante en mis vivencias madridistas. En mayo de 2001 en compañía de mi padre, mi hijo Héctor y de mi primo Pedro, nos dirigimos a la antigua tienda del Real Madrid situada en los bajos del Estadio Santiago Bernabéu, en la llamada Esquina del Bernabéu. Cuando íbamos a tomar un aperitivo en la cafetería del centro comercial, nos encontramos a Juan José Borrachero, último presidente de la A. D. Plus Ultra y sobrino del presidente de tiempos de mi padre como jugador, Antonio Borrachero. Este reencuentro propició una serie de contactos y, para mi, la apertura de una amistad que ha continuado hasta el presente.

Yo había preparado un pequeño dossier con lo más significativo del paso de mi padre por la entidad blanca, con algunas fotos de aquella época, pensando en la posibilidad de que se acordaran de él en los previstos actos del centenario.


Pasamos por la Asociación de Veteranos del Club, en la que se encontraba Emilio Macua como encargado de las actividades burocráticas y, junto a él, el ya mencionado Juan José Borrachero y los exjugadores Pérez Payá y Vicente. Con ellos departimos un rato de conversación y mi padre se centró en Borrachero con el que compartió multitud de recuerdos. Al final, Macua nos regaló unas entradas para hacer el Tour del Bernabéu.

Pero los acontecimientos verdaderamente inolvidables y apasionantes para mi tuvieron lugar a comienzos del año 2002 cuando mi padre recibió la noticia e invitación oficial para participar en los Actos del Centenario en Homenaje a los Jugadores.

Después de unos meses previos de gran excitación por los numerosos acontecimientos previstos, por el gesto de homenajear a todos los jugadores, fuera cual fuese su vinculación y permanencia en el Club y después de imponer mi deseo y casi derecho de acompañar a mi padre, ya mayor, pues había cumplido los 76 años en el mes de abril anterior, nos presentamos en Madrid a las 12 h. del día 6 de mayo de 2002.

Nos dirigimos al Hotel Eurobuilding, tal y como se nos indicaba en las instrucciones recibidas y a continuación nos registraron y dieron la tarjeta de la habitación 451 en la que nos alojaríamos esa noche. Nunca se me olvidará que mi padre no sabía que ahora las habitaciones se abren con tarjetas programadas, lo que le resultó un descubrimiento.

A continuación pasamos a un mostrador que el Real Madrid había montado en el amplio vestíbulo de recepción y una azafata nos identificó y facilitó las credenciales para movernos durante las dos jornadas. Al tiempo nos entregó una bolsa con el anagrama del Club que contenía una lujosa edición de la historia editada por Everest y encuadernada en piel, así como un pisapapeles con el logo del Centenario en piedra verde.


Después de acomodarnos en la habitación y de leer el programa con los actos editado expresamente mediante un tríptico y una carta de bienvenida del Presidente, nos dirigimos al cercano Estadio Bernabéu para tomar parte de un cóctel de inicio de las jornadas que abrió con unas palabras Florentino Pérez y posteriormente el Presidente del Grupo ABC, quien aprovechó para presentar la exposición fotográfica “Memoria Gráfica del Centenario”, con un total de 300 fotos ampliadas del fondo de archivos del diario extraídas de entre las 10.000 que componen el conjunto conservado.

Tras recorrerla fuimos saludando y conversando con algunos de los jugadores así como fotografiando a algunas de las figuras más destacadas. Yo tuve la sensación de estar viviendo un sueño. De pronto me encontraba rodeado de la mayoría de mis ídolos durante los años de mi infancia ya relatados, y lo único que lamenté es no disponer de una cámara digital, que entonces estaban comenzando a extenderse, que me habían prometido prestarme, pero que finalmente no llegó a tiempo.

Personalmente le estreché la mano a Butragueño, Valdano, Calpe, Betancort, Veloso, Zunzunegui, Velázquez, Marquitos y su hermano Alonso, Gento, Navarro “El Fifo”, que moriría unos meses más tarde, Marañón, Atienza, Pantaleón, Santamaría, Anzarda, Manolín Bueno, Michel, Sabido, A. Ruíz y Di Stéfano, con el que mi padre departió un momento que aproveché para fotografiarlos.

También saludé y fotografié a los compañeros de mi padre procedentes del Plus Ultra, tales como Rafita, Gracia y Ricardito, entre otros. Esa misma tarde y en compañía de mi primo Pedro, fuimos hasta el domicilio de José Mª Zárraga en la calle Nieremberg con el que estuvimos media hora de emocionante encuentro debido a la situación de parálisis parcial que padecía pero que no le impedía reconocer y recordar a la personas. Tristemente mi padre sufrió un ictus similar cuando no habían pasado dos años de aquel encuentro de dos compañeros que tuvieron un inicio futbolístico similar y luego desigual fortuna pero que siempre se guardaron afecto y amistad.

Tras ello y fuera del contexto madridista, aprovechamos para visitar a Juanito Soto, ya referido anteriormente como intermediario de jugadores para el Alcázar C.F. y buen amigo de mi padre. Se encontraba en la residencia “Los Nogales” en el Paseo de las Acacias y resultó un encuentro emotivo lleno de evocaciones y afecto mutuo.

Alrededor de las siete de la tarde y después de regresar al hotel, fuimos trasladados en autobús a la sede de Telemadrid en la Ciudad de la Imagen de Boadilla del Monte. Allí nos ofrecieron otro cóctel al tiempo que grababan en directo un programa con entrevistas a los jugadores más legendarios. Nosotros salimos en varias tomas según se puede apreciar en un video, pero el acto apenas resultó de interés salvo por las conversaciones mantenidas. Recuerdo especialmente la que mantuve con Anzarda y la que tuvo mi padre con Emilio Santamaría, en la que salió a relucir el también uruguayo Gutiérrez y su lamentable final.


La mañana del día 7 de mayo la comenzamos paseando hasta Cuatro Caminos para saludar a mi hija Alba y luego volver al Estadio donde iniciaríamos un largo recorrido por todas sus dependencias visitando la Sala de Trofeos, la zona VIP del palco presidencial y sus graderíos para luego descender hasta el césped, recorrerlo y fotografiarnos a pie de campo con leyendas como M. Bueno o Miljan Miljanic y pasar, por fin, a los vestuarios, símbolos de la suntuosidad, detallismo y confort de la cuidadosa atención que el Real Madrid presta a sus futbolistas.

Desde las fotos de gran tamaño de cada jugador en su taquilla hasta las zonas de jacuzzi, duchas y masaje, además del gabinete médico y farmacológico que para sí quisieran muchos centros de salud de algunos pueblecitos, es todo un recinto de especial admiración y recuerdo.

Una vez finalizada la visita se procedió a la realización de la “foto de familia” con los 300 jugadores que estuvieron presentes y que se situaron en las gradas del campo mientras los acompañantes aguardábamos en una carpa situada en los bajos tomando un refrigerio. Allí acudió Juan José Borrachero, pues le llevamos unas tortas de Alcázar y con ese motivo se presentó para recogerlas, pues el Club no le había invitado oficialmente a los actos.
Al finalizar la foto, los jugadores fueron obsequiados con una insignia del Club bañada en oro y con una medalla conmemorativa del Centenario en plata sobre soporte de metacrilato. Finalizado el acto y nuevamente en autobús, fuimos trasladados hasta el pabellón multiusos de la antigua Ciudad Deportiva donde tuvo lugar un almuerzo de gala servido por la prestigiosa firma José Luis, cuyo menú consistió en canapés variados, cóctel de langostinos, endivias y salmón ahumado, pechuga de pato asada y helado de postre. Todo ello regado con vinos de Rioja y Ribera. Tras el almuerzo, el periódico Marca nos obsequió con un ejemplar extraordinario de un número monográfico sobre el Centenario dedicado íntegramente al Real Madrid y con un llavero con forma de periódico en miniatura.

Para rematar la tarde, tras un rato de descanso en el hotel, nos dispusimos a presenciar, junto a mis primos Pedro y Jesús, los partidos en directo programados para completar los actos. La tarde fue lluviosa y un fuerte aguacero acompañó toda la celebración. Nos refugiamos en la tribuna cerca del palco y nos dispusimos a ver el partido de leyendas madridistas frente a otras de distintos equipos europeos que acabó con empate a un gol. Después, el primer equipo, sin algunas de sus principales figuras, se enfrentó a la selección de Japón a la que venció por 1 – 0 en un campo que la lluvia había convertido en una piscina.

Acabado el partido regresamos al hotel donde a las 24 horas tuvo lugar otro cóctel de clausura, dentro del Salón Florencia, en el que Florentino Pérez se dirigió junto a Di Stéfano a todos los asistentes para agradecer su presencia y su contribución para hacer del Real Madrid el “Mejor Club del Siglo XX” . Yo aproveché para solicitar numerosas firmas de los jugadores en el libro que había preparado especialmente para ello.

Finalizado el acto, regresamos hasta Alcázar en nuestro coche y en medio del aguacero que solo cesó a pocos kilómetros del pueblo al que llegamos en torno a las tres de la madrugada.

La siguiente vez que volvía al Bernabéu en directo fue el 2 de febrero de 2003, nuevamente acompañando a mis primos, para presenciar el partido Real Madrid 3 – 0 Sevilla. En esa ocasión el Madrid formó con Casillas; Salgado, Hierro, Helguera, Roberto Carlos; Makelele, Zidane, Conceiçao; Figo, Ronaldo y Raúl. El entrenador era Vicente Del Bosque.

También el 7 de mayo de 2006 tuve la oportunidad y el honor de presenciar en directo, junto a mis primos, el partido de despedida de Zinedine Zidane como jugador. El resultado fue Real Madrid 3 – 3 Villarreal. Arbitrado por el señor Teixeira Vitienes, el equipo madridista alineó a Casillas; Salgado, Mejía, Sergio Ramos, Roberto Carlos; Beckhan, Pablo García, Zidane; Robinho, Baptista y Raúl. El propio Zidane marcó su último gol en el minuto 66 y abandonó el campo siendo sustituido en el 88’ en medio de una gran ovación a la que me sumé como en pocas ocasiones suelo hacerlo.

El último partido que he vuelto a ver en directo en el Estadio Bernabéu fue el que disputaron el Real Madrid y el Athletic Club de Bilbao el 18 de abril de 2018. Se adelantó Iñaki Willians y logró empatar Cristiano Ronaldo en el 88’. Por el Real jugaron: Keylor Navas; Carvajal, Ramos, Varane, Marcelo; Lucas Vázquez, Modric, Kross; Asensio, Benzema y Cristiano Ronaldo. En el Athletic destacaron jugadores como el portero Kepa, Iñigo Martínez, Raúl García e Iñaki Williams.

Puedo decir, por tanto, que he visto en directo sobre el césped a los dos jugadores más determinantes de la historia de este Club hasta el momento. Por un lado a Alfredo Di Stéfano, verdadero mito y leyenda que perdura dándole nombre al campo principal de la Ciudad Deportiva de Valdebebas y por otro a Cristiano Ronaldo, que pese a no tener aún un reconocimiento en forma de dedicatoria, sus goles, su palmarés con el equipo y su trascendencia en Europa lo convierten en esa otra leyenda de la modernidad del madridismo, para mi, sin ninguna duda.


Después llegó la pandemia y durante el paréntesis intermedio y previo a la misma, no volví a pisar el Estadio pese a la siempre amable y abierta invitación de mi primo Pedro en su condición de socio y abonado, pero la pereza y la comodidad de la TV bloquean el ánimo de lo presencial.



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