Segunda parte

           

“El Madrid, entonces, era España, la metáfora joven y violenta de una España impresentable, que el Madrid adecentaba por el mundo. El Madrid era la orla macho de un dictador, una orla en la que entraban Gento y Di Stéfano.”

Francisco Umbral. Los placeres y los días.

El 11 de julio de 1968 presencié un partido muy peculiar en el Estadio Bernabéu. Se trataba de la final de la Copa del Generalísimo a la que habían llegado Real Madrid y Barcelona sabiéndose de antemano que ese sería el escenario.
Mi padre había conseguido, una vez más, las entradas para este partido gracias a sus contactos y en concreto a Juanito Soto, al que le unía gran amistad tras su paso por el fútbol alcazareño. Soto era llamado Buscavidas por su condición de reclutar futbolistas de barrios y equipos madrileños y colocarlos en los de algunos pueblos como Alcázar, llevándose en ello una comisión. Aficionado al Atlético de Madrid por vocación, tenía su base de operaciones en el Bar Domitila en el Paseo de las Delicias madrileño y desde allí, junto a su inseparable compañero César, armaba y desarmaba equipos con diferente grado de acierto pero con la seguridad de que las alineaciones quedarían cubiertas.



La familia Bosch, catalanes afincados en Alcázar de San Juan y propietarios del negocio de industrias cárnicas INTOMA, le encargaron las referidas localidades y mi padre puso como condición que yo formase parte de la expedición. Así fue y el 11 de julio de 1968 acompañé al padre, José Bosch Vila y a dos de sus hijos, Pedro y José, para presenciar el partido que finalizó con la victoria culé por un gol a cero merced al autogol en propia meta del defensa madridista Zunzunegui en el minuto seis del partido. El árbitro fue Antonio Rigo y solo recuerdo el silencio en el que permanecí durante el resto de la jornada.

La siguiente época en presenciar en directo los partidos en el estadio, sin menoscabo de los seguidos en TV, fue la correspondiente a la primera década de actividad laboral coincidiendo mi destino en Herencia, en cuyo claustro nos juntamos varios compañeros aficionados al fútbol y la mayoría seguidores del Real Madrid.

Tomamos casi como costumbre organizarnos para asistir a un partido correspondiente a los cuartos de final o semifinales de la Copa de Europa, a los que casi siempre llegaba el equipo. Yo le pedía a mi padre que pusiera en marcha sus contactos en la capital para conseguirnos las entradas y nosotros organizábamos el viaje en coche tras salir apresuradamente del colegio, cuando aún había jornada partida, para llegar a tiempo al inicio del partido que solía comenzar a la caída de la tarde.

Los participantes en estas excursiones éramos Juan Barrilero, Jesús Escribano, Jesús López-Serrano y Ángel Luis Palomares, este último culé pero deseoso de sumarse a estas salidas. Nunca olvidaremos que en una ocasión se averió el coche de Ángel Luis y casi dábamos por perdido asistir al partido, pero finalmente algún mecánico madrileño, que encontramos al paso, solucionó el problema y con el tiempo justo pudimos presenciar el choque.

De los partidos a los que asistimos recuerdo especialmente el que el Real Madrid ganó al Oporto portugués por 1 – 0 en octavos de final gracias a un gol de Gregorio Benito que sirvió para remontar el 2 – 1 conseguido por los portugueses en su campo. El árbitro fue el rumano Reinea y el partido tuvo lugar el 7 de noviembre de 1978, con el campo vallado para impedir saltos de los espectadores. Con ese mismo grupo de compañeros ya referido, habíamos asistido el 15 de septiembre de 1977 a un partido muy especial que el Real Madrid jugó frente al Valdepeñas en la ciudad vinatera, al que venció por 0 – 7 goles en campo de arena y con gran entrada de público. El partido correspondió a la primera eliminatoria de Copa y el equipo blanco alineó a Miguel Ángel; Uría, Sol, Wolf, San José; Isidro, Del Bosque; Aguilar, Vitoria, Santillana y Guerini.

Recuerdo que tras estos partidos luego nos parábamos a tomar algo antes de regresar a casa. En Valdepeñas estuvimos en una discoteca al aire libre muy popular en aquella época que se llamaba El Huerto.

En 1979 se inauguró la Peña Madridista “Racimo de Oro” mediante un acto que tuvo lugar en el Casino de Alcázar de San Juan y al que asistieron en representación del Club el Presidente Don Luis de Carlos, el delegado de peñas del Club, Don Laurentino Pérez Manso a los que acompañaron Luis Molowny y Vorgic como miembros de la plantilla de técnicos del Club. Durante el acto se hizo entrega de un llavero de plata a la figura de mi padre por su paso como miembro del equipo en otra época y también estuvieron presentes Vicente Paniagua, como antiguo baloncestista del Madrid y otros destacados deportistas locales. En nuestra mesa coincidimos con el citado delegado de peñas así como con el Presidente del Colegio Castellano de Árbitros de Fútbol y de Antonio Cárdenas, que ejercía de Secretario del mismo.





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