Serranía de Cuenca 1998

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...Este año, el grupo lo formábamos siete componentes, todos ellos ya veteranos, pues no se incorporó ninguna cara nueva. Los seis residentes en Alcázar partimos de la estación a las 8’30 de la mañana con dirección a Aranjuez donde nos esperaba el último integrante, Miguel, que aguardaba en el andén acompañado de Puri, su mujer, que nos recibió con una bolsa cargada de churros calentitos para darnos así la primera satisfacción de la salida. Tras una dilatada espera en Aranjuez, tomamos otro convoy que nos llevaría hasta Cuenca que era el lugar fijado como punto de partida de la ruta ciclista. Un breve refrigerio a base de tortilla y jarretes en la cantina de la estación y nos dirigimos al centro de la ciudad para tratar de conseguir planos de la serranía según el modelo que nos facilitó el ínclito Esteban que nos había hecho de valedor de la ruta...      

...Ya sin más preámbulos que una visita de Regui a su antiguo centro laboral en la capital conquense, iniciamos la partida en bicicleta en dirección a Villalba de la Sierra siguiendo el magnífico marco de la hoz del Júcar con todas sus formaciones, remansos fluviales y hasta una playa artificial frecuentada por las personas que lo desean. Hasta ese punto sabíamos que la etapa sería placentera tanto por la belleza del paisaje como por el trazado de la carretera que es prácticamente llano, pero a partir de ahí comenzaba un duro ascenso que debería salvar un desnivel de 600 mts., hasta llegar a Las Majadas que era el final previsto de la etapa...      

...Con el grupo dividido en dos, por razones estratégicas de apoyo a Miguel, subimos el doble puerto de Las Majadas y el de El Hosquillo para llegar al hostal “Los Callejones” en donde se nos dio la primera muestra de que nuestra región aún debe aprender mucho para ser una alternativa turística a otras zonas. Así, las habitaciones aún estaban sin preparar a pesar de haberlas reservado con varios días de anticipación. Nos acomodamos en un apartamento para los siete, que si bien ofrecía la comodidad de estar juntos, nos obligaba a compartir mediante turnos el cuarto de aseo con el consiguiente retraso para los últimos de la añorada ducha de fin de etapa...      

...Después nos dirigimos a la zona de Los Callejones, curiosa formación natural fruto de la erosión de los agentes climáticos que han dado lugar a las más caprichosas formas en similitud con las de la célebre Ciudad Encantada. Además es posible contemplar allí algunas especies vegetales debidamente catalogadas y descritas que forman parte de la flora microclimática por sus especiales características y en donde en otros tiempos se refugiaban los pastores y sus rebaños para protegerse de las lluvias y el frío...      

...Abandonamos Las Majadas a las nueve en punto de la mañana después de un desayuno convencional a base de café con leche o colacaos, bollería envasada al vacío para barras de bar y un tarro de miel más Biosolan como ingredientes reforzadores de la dieta. También realizamos una sesión de estiramientos dirigidos por Juanito Ramos, mezcla de Tai-Chi y Jacobson a la conquense. Mientras los realizábamos en torno a la plazuela del pueblo, el churrero limpiaba y preparaba sus recipientes, amasaba la harina y ponía a punto los quemadores de la caldera para dar paso a una nueva tirada de suculentas porras que, esta vez, quedarían fuera de nuestro alcance por razones horarias...      

...Siguiendo en dirección a Beteta llegamos al Alto de la Vega, subida de gran dureza que provocó una nueva escisión del grupo según las fuerzas de cada cual, pero que tuvo el colofón de la llegada a otro de los parajes estrella de toda la salida, el nacimiento del río Cuervo. Nada más llegar y entre un abundante número de turistas de todas las condiciones, nos encontramos con un señor que cortaba lonchas de un exquisito jamón y trozos de un envidiable queso manchego. Los ojos nos hicieron chiribitas y rápidamente nos arrimamos al corro todo él poblado de jubilados quienes nos desengañaron de nuestras ilusiones. Todo fue como un espejismo, el queso y el jamón más el vino que comenzó a servirse eran las viandas que el hotel había preparado para los viejecitos a modo de pic-nic ocasional. Nuestro gozo en un pozo...      

...La cena la realizamos en el Hotel “LosTilos”, que en principio era el lugar destinado a ser nuestro alojamiento caso de haber contado con plazas para esa noche.La profesionalidad y medios de este otro establecimiento puso aún más evidente la escasa fortuna de nuestra elección que, por cierto, se vio agravada con la férrea orden de regreso que nos dieron en el hostal hasta las doce en punto de la noche cual cenicientas sin príncipes ni historia...      

...Nada más salir de Beteta tuvimos que afrontar una pendiente del 18% lo que nos provocó echar pie a tierra hasta calentar adecuadamente y salir de esa especie de atolladero. En Masegosa, Juan Garrido, ante sus grandes dificultades de pedaleo, sobre todo durante las bajadas, decide seguir a pie y solicita un rato de meditación. Al final sigue algunas indicaciones y opta por dejar los pies libres en las bajadas para que la bici siguiera con su propia inercia. La operación le da buenos resultados. Mientras, unas bandadas de buitres vuelan en círculo observando la situación y a todos se nos pasa por la mente las intenciones de las rapaces que parecen intuir carne fresca para un futuro próximo, lo que hace que todos apresuremos la marcha...      

Una vez superado el susto y comprobada su identidad gozamos de un baño de los irrepetibles por las condiciones del agua y del paisaje. Al finalizar colgamos mis históricas zapatillas ciclistas de la marca “Sprint” en dos pinos del kilómetro 10 al borde de la carretera, después de 16 años de servicios prestados a su dueño. De este episodio la siguiente copla casi colectiva en su origen:

Nos bañamos en el río,
colgamos las viejas botas
en las ramas de unos pinos
y remojamos desnudos
nuestras nalgas y el pepino.

     

...Después nos dirigimos al monolito erigido en recuerdo del gran ciclista Luis Ocaña, natural de esta población y que fue la máxima figura española de los años setenta pese a su adopción y crianza francesas. Pues bien, el bueno del señor Manuel nos dio una versión particular y peculiar del suicidio del mencionado deportista, según él debido a un cruce de mujeres en su vida que no supo resolver satisfactoriamente. Sus restos descansan al cincuenta por ciento entre Mont de Marsan en Francia y en el referido monolito, que fue abierto para introducir el tarro con sus cenizas, el otro cincuenta. Más adelante nos condujo hasta lo que fue su casa natal y que ahora es un solar semirruinoso con la cimentación preparada para erigir un futuro museo que albergue recuerdos del gran campeón. También continuamos el paseo por diversas calles de la localidad y concretamente en una recomendada especialmente por el señor Manuel. Se trataba de la calle Franca, que resultó ser la ubicación de la oficina de Telégrafos donde Regui y su fiel celador Escamilla dieron los primeros pasos a esta nueva forma de comunicación...      

Siguiendo las indicaciones de Pedro, una vez finalizado el baño nos dirigimos a la estación de autobuses donde se encontraba Antonio, gerente de la restauración tanto de dicha estación como de la fonda situada en la de ferrocarril. Sabia decisión porque nos permitió dejar las bicicletas en buen lugar, disfrutar de una magnífica comida, incluidos los temidos zarajos por sus efectos en otra de las salidas, pero que en esta ocasión resultaron un excelente y sabroso aperitivo y un menú que, aunque comido con alguna precipitación por el apremio horario, resultó agradable, satisfactorio y barato, pues nos cobraron el simbólico precio de 1.000’- pts., por comensal. El tren partió a su hora correspondiente y aún tuvimos tiempo de hacer una valoración general de la salida con aportaciones de todos los componentes del grupo que quedan reflejadas en los apartados que siguen a continuación.
Justo López Carreño. Agosto de 1998
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